Con
respecto al resultado final de las elecciones de EEUU
Para comenzar me referiré brevemente a las anómalas situaciones ocurridas las últimas semanas. 432.116 votos eliminados en Pensilvania, según la información de Data Integrity Group, y de otros 30.000 votos para Trump eliminados en el estado de Georgia, y de los 17.650 votos que fueron cambiados de Trump a Biden en el mismo estado.
Según
Lynda McLaughlin, miembro de Data Integrity Group “Hubo movimientos de votos
entre todos los candidatos. Sin embargo, no vimos el mismo tipo de descensos
negativos a ninguno de los (otros) candidatos como los que vimos con los
recuentos del presidente Trump. Y sucedieron repetidamente sin ninguna explicación”,
según lo que explico al medio The Epoch Times.
Data
Integrity Group es un grupo de científicos, ingenieros y expertos en
aprendizaje automático que han estado trabajando juntos para comprobar si hubo
o no manipulación de datos en las elecciones generales de 2020.
Para
el mismo medio, The Epoch Times, el científico de datos Justin Mealey, ex técnico
de guerra electrónica de la Marina de los EEUU y ex contratista de la CIA y
analista del Centro Nacional de Antiterrorismo, dijo: “Lo que tenemos aquí es
que en realidad hay un fraude que podemos probar en las elecciones, hubo fraude
en las elecciones de Georgia, podemos probarlo con datos”.
También
en Georgia se hizo conocido el caso de los funcionarios electorales que tenían
maletas con miles de votos escondidos debajo de las mesas, y que sacaron luego
de que los observadores republicanos se fueron.
En Michigan se dio el caso de maletas llenas de votos que descargaron desde vehículos con patentes de otros estados.
Estados como Nevada y California enviaron millones de papeletas a las personas en sus listas de votantes, independiente de que estas personas las hubieran pedido o no, independiente de que estas personas estuvieran vivas o muertas, recibieron papeleta para votar igual.
En Wisconsin, la Junta Electoral del Estado no pudo confirmar la residencia de más de 100 mil personas, entendiéndose que muy probablemente sean ilegales, sin derecho a voto. Repetidamente se negaron a quitar estos nombres de sus listas de votación.
Y, también en Wisconsin, fue bastante conocido el incidente en el cual Trump iba ganando por mucho en el conteo de votos, y a eso de las 03:42 de la madrugada, abruptamente el conteo cambia a favor de Biden, dándole la ventaja.
Y
también son bien conocidos todos los innumerables casos en distintos estados en
que el número de votos fue mayor que el de las personas inscritas para votar; gente muerta que en un gran sentido de responsabilidad cívica votaron igual
(algunos datan del año 1900, y se comenta por ahí que Joe Frazer, campeón mundial de boxeo, que protagonizó junto a Muhammad Ali la "Pelea del Siglo" en 1971, también votó); observadores republicanos que fueron obligados a
ver el escrutinio desde lejos; gente que llegó a sus locales de votación a
ejercer su derecho y los funcionarios electorales les avisaban que ellos ya
habían votado vía correo. Y así, suma y sigue la infinidad de casos
irregulares. También hay que tener en cuenta a los testigos de numerosos
incidentes con declaraciones juradas en los tribunales estatales.
El
6 de enero de este año, el Colegio Electoral y el Congreso se reunieron para
tomar una decisión con respecto a las elecciones presidenciales del 3 de
noviembre del año pasado. Era de esperar que al tomar esta decisión se tuviera
en cuenta las pruebas de fraude. Era de esperar que Mike Pence, vicepresidente
de los EEUU, impugnara (rechazara) los votos electorales. Ni las pruebas fueron
tomadas en cuenta, ni el vicepresidente impugnó los votos, aduciendo que la
constitución se lo impedía.
Al saberse esto, una masa de gente asaltó el Capitolio, donde se llevaba a cabo la votación. Hubo 5 muertos y numerosos heridos y detenidos, como hemos visto en los noticieros.
El presidente Donald Trump hizo un llamado a la calma y condenó los hechos ocurridos en el Capitolio mediante un video difundido en redes sociales.
Lo
grave es que ni la Corte Suprema tuvo interés en tomar cualquiera de los casos
de fraude, ni el Congreso quiso asumir la responsabilidad de investigar.
Que
la Corte Suprema y que el Congreso no hayan tenido ninguna intención de estimar
las pruebas de fraude que se acumularon, es algo que puede catalogarse como
sumamente preocupante, sobre todo teniendo en cuenta que estamos hablando de la
potencia más grande del mundo. El vicepresidente Pence no quiso impugnar los
votos electorales. Más preocupante aún, ya que según expertos él podía oponerse
a la certificación de los votos electorales.
Pero
esta situación no es algo tan descabellado si tomamos en cuenta que tanto
demócratas (oposición) como parte de los republicanos (oficialismo, partido de
Trump) no toman decisiones en favor del bien de los ciudadanos, sino que siguen
la agenda dictada por ciertos organismos y potencias intervencionistas que no
buscan precisamente algo honorable. Trump se opone a todo ello.
Recordemos
que Trump no proviene del mundo político. Proviene del mundo empresarial. Es un
magnate. Es lo que se denomina en el mundo angloparlante como un outsider, viene de afuera, no tiene una
carrera política previa, no piensa como el resto de los políticos, algo que suscita
resquemor, desconfianza y odio en tales sectores. A esto hay que sumarle que
debido a su discurso y postura, en todo el país se levantó un despertar
patriota y conservador que no contaba con voz ni representante y vieron en
Trump una figura idónea para crear un movimiento. Cabe recordar que tanto
patriotas como conservadores iban perdiendo cada vez más terreno y presencia en
el país debido al avance del progresismo, el multiculturalismo, la agenda LGTB,
la inmigración ilegal, etc.
Un
mandatario que no está dispuesto a seguir las órdenes dictadas por organismos
supraestatales como la ONU, la OMS, la Comisión Trilateral, etc. Un presidente
que no está dispuesto a obedecer ni a demócratas ni a republicanos. Un tipo que
no depende financieramente del dinero que le otorga el Estado, y que puede
tomar las decisiones libremente sin que presiones políticas y de intereses
estatales le afecte de manera alguna. Una persona así claramente es un peligro
para el establishment. Para estos sectores, alguien que no juega en favor del
grupo que dicta las reglas del sistema, es alguien indeseable. Una persona dijo
por ahí en cierta ocasión: “Donald Trump es un antisistema”. Había que sacar al
antisistema sí o sí y cambiarlo por alguien mucho más funcional y obediente al
globalismo.
Qué
mejor medida para acabar con el mandato de un presidente que con un
impeachment. Pero qué es un impeachment. Un impeachment vendría siendo algo así
como una acusación constitucional, juicio político o proceso de destitución con
el cual no sólo se busca acabar con su presidencia (cosa sin mucha importancia,
teniendo en cuenta que el 20 de enero deja el cargo), sino que también busca
negarle todos los beneficios propios de un expresidente, como pensión, medidas
de seguridad, presupuesto para viajes de hasta 1 millón de dólares, etc. Pero
lo más importante de todo: se le puede prohibir ejercer cualquier cargo público
en el futuro, y con esto se le negaría la posibilidad de postularse para las elecciones
presidenciales de 2024. O sea, un plan perfecto. Pero según la voz de expertos,
es poco probable que este proceso rinda frutos.
Recordemos que ésta no es la primera vez que a Trump intentan destituirlo con un impeachment. En diciembre de 2019, la Cámara de Representantes inició el mismo proceso en su contra debido a una supuesta manipulación hacia el gobierno de Ucrania para que investigara supuestas irregularidades cometidas por Hunter Biden, hijo de Joe Biden. Finalmente el Senado absolvió a Trump de todos los cargos.
Trump
ya avisó que no irá al cambio de mando del 20 de enero, dando a entender que no
reconoce la victoria de Biden, y que no tiene intención alguna de ser parte de
un show que, mientras más pase el tiempo, más pruebas de fraude va acumulando y
más se irá aclarando.
Por
otra parte, Twitter, Facebook, Instagram, Twitch, Snapchat suspendieron las
cuentas de Donald Trump con el argumento de la supuesta “incitación al odio”. Al
momento de los disturbios en el Capitolio, Trump subió un video en su cuenta de
Twitter haciendo un llamado al orden y a la tranquilidad, diciendo que a pesar
de que “las elecciones presidenciales fueron robadas, hay que obedecer la ley y
el orden, y es mejor irse a casa”. Momentos después, Twitter bajó el video.
Ahora último se le sumó Youtube, suspendiendo su canal.
Distintos líderes mundiales han demostrado su repudio debido a estos actos de censura, propios de estados totalitarios. Entre estos líderes destacan Angela Merkel, Andrés Manuel López Obrador y Alekséi Navalni.
Debido a esta censura, el mismo Trump avisó que es muy probable que en un tiempo más cuente con su propia plataforma digital de información donde tenga absoluta independencia de las Big Tech y así evitar cualquier muestra de bloqueo mediático en su contra. En lo personal, imagino que él ya debe tener en consideración la posibilidad de levantar su propia cadena televisiva. Trump TV.
En
cuanto a los medios masivos de comunicación, era de esperar que su narrativa
fuera coherente con su agenda política globalista. Es entendible el hecho de sumarse
oportunamente a la condena y repudio de los actos violentos en el Capitolio
ocurridos el 6 de enero; hasta Donald Trump los condenó. Pero de ahí a venir a
catalogar este incidente como “golpe de estado”, cuando a mediados del año
pasado grupos violentistas y terroristas como Antifa y Black Live Matters
destruyeron, quemaron, saquearon y amedrentaron a un país completo, dejando 47
muertos, y los medios masivos de desinformación los tildaban de “protestas
legítimas” (me suena de alguna parte eso, dónde lo habré visto), entonces no
queda nada más que asumir que la hipocresía será una constante en las grandes
cadenas televisivas. A los medios masivos de propaganda no les tiembla la mano
al momento de instaurar una narrativa.
Y relacionado a esto, la policía arrestó a algunos miembros de Antifa y BLM que estaban infiltrados en los desmanes del Capitolio.
La
cosa es clara: el globalismo avanza a pasos agigantados, los organismos
supraestatales tienen cada vez más dominio sobre los países quitándoles
libertades y derechos a los ciudadanos al punto de cometer fraude y dándoles
beneficios a los personajes que tienen los mandos estatales para que impongan
políticas intervencionistas (leyes de inmigración, leyes de género, leyes de
autonomía en menores de edad, leyes de aborto, etc.) que buscan encausar el
destino de las naciones para que finalmente se destruyan, hagan implosión,
dejen de existir y nos convirtamos todos en una gran masa uniforme mundial sin
derecho a voto ni decisión. Hablo de un rival que no se deja ver, pero que
maneja muy bien sus cartas introduciendo el progresismo y el socialismo en las
naciones libres y en la mente de las personas a través de leyes, a través de la
educación, a través de la televisión, de los noticieros, del cine, de la
música, el arte, la filosofía, etc.
Ante
un peligro de esta envergadura, es absolutamente lógico esperar como respuesta
una fuerza que se levante contra esta oleada globalista, una fuerza que busque
defender la soberanía propia de los países formados por ciudadanos que quieren
vivir libres, en paz y dueños de su destino, sin que vengan extranjeros o
supraestados a decirles cómo tienen que vivir, o cómo debe ser la calidad de
ese vivir. Una fuerza que, más allá de quién sea su representante o figura
principal, se constituya en un muro de granito en contra de todo lo que es el azote
del progresismo y el socialismo; estas dos, armas principales del globalismo.
Un muro de acero y granito que busca proteger y mantener viva la historia de
las naciones, las tradiciones, las creencias y toda la cultura propia de
nuestro mundo occidental, que se ha forjado por siglos y que sienta sus bases
en la cultura helénica (antiguos griegos), luego los romanos, posteriormente
adquiriendo forma en la cristiandad, hasta llegar a nuestros días. El singular
atacante que enfrenta nuestra cultura occidental actúa rápido y silencioso para
ganar terreno en nuestra sociedad, pero esa rapidez en su actuar le juega en
contra. El descaro e hipocresía por implantar nuevas normas y un nuevo sentido
común en los cerebros de la gente se hace demasiado evidente a través de los
medios.
Es
necesario esclarecer y tener siempre presente que cualquier fenómeno que ocurra
en EEUU, repercute en el resto del mundo, y en Latinoamérica, tanto económica,
como política, social y culturalmente. Lo que se vive en el país del norte es
lo mismo que se está viviendo en nuestro país, en nuestro continente: un choque
de ideas, un choque de culturas.
No
es de extrañar que Trump, a pesar del fraude del que fue víctima junto con los
75 millones de estadounidenses que votaron por él y que se les estafó, no baje
los brazos ni se dé por rendido, sabiendo lo insistente, lo irreverente y lo
malo para perder que es. Ya dijo que seguirá recabando pruebas del fraude
electoral para usarlas como armas en el futuro; probablemente establezca su
propia plataforma digital de comunicación; no sería raro que levante un canal
de televisión (Trump TV); y lo que aún no ha dicho pero se comenta en muchos
lados: que forme su propio partido político, acorde al movimiento que levantó,
lejos de republicanos y demócratas, donde sólo le rinda cuentas a los
estadounidenses que votan por él.
En Michigan se dio el caso de maletas llenas de votos que descargaron desde vehículos con patentes de otros estados.
Estados como Nevada y California enviaron millones de papeletas a las personas en sus listas de votantes, independiente de que estas personas las hubieran pedido o no, independiente de que estas personas estuvieran vivas o muertas, recibieron papeleta para votar igual.
En Wisconsin, la Junta Electoral del Estado no pudo confirmar la residencia de más de 100 mil personas, entendiéndose que muy probablemente sean ilegales, sin derecho a voto. Repetidamente se negaron a quitar estos nombres de sus listas de votación.
Y, también en Wisconsin, fue bastante conocido el incidente en el cual Trump iba ganando por mucho en el conteo de votos, y a eso de las 03:42 de la madrugada, abruptamente el conteo cambia a favor de Biden, dándole la ventaja.
Al saberse esto, una masa de gente asaltó el Capitolio, donde se llevaba a cabo la votación. Hubo 5 muertos y numerosos heridos y detenidos, como hemos visto en los noticieros.
El presidente Donald Trump hizo un llamado a la calma y condenó los hechos ocurridos en el Capitolio mediante un video difundido en redes sociales.
Recordemos que ésta no es la primera vez que a Trump intentan destituirlo con un impeachment. En diciembre de 2019, la Cámara de Representantes inició el mismo proceso en su contra debido a una supuesta manipulación hacia el gobierno de Ucrania para que investigara supuestas irregularidades cometidas por Hunter Biden, hijo de Joe Biden. Finalmente el Senado absolvió a Trump de todos los cargos.
Ahora último se le sumó Youtube, suspendiendo su canal.
Distintos líderes mundiales han demostrado su repudio debido a estos actos de censura, propios de estados totalitarios. Entre estos líderes destacan Angela Merkel, Andrés Manuel López Obrador y Alekséi Navalni.
Debido a esta censura, el mismo Trump avisó que es muy probable que en un tiempo más cuente con su propia plataforma digital de información donde tenga absoluta independencia de las Big Tech y así evitar cualquier muestra de bloqueo mediático en su contra. En lo personal, imagino que él ya debe tener en consideración la posibilidad de levantar su propia cadena televisiva. Trump TV.
Y relacionado a esto, la policía arrestó a algunos miembros de Antifa y BLM que estaban infiltrados en los desmanes del Capitolio.



