Con respecto a las
elecciones de EEUU y los medios noticiosos
Ya ha pasado una semana
desde que los medios dieron como ganador al candidato Joe Biden. Una semana en
que a través de todos los canales televisivos y prensa escrita se ha impuesto
una misma narrativa: Joe Biden ganó, Joe Biden es el presidente electo de los
EEUU, Joe Biden asumirá como mandatario los próximos cuatro años. Por otra
parte, se ha promovido la imagen de Donald Trump, el perdedor, como la del
arrogante que no quiere abandonar el sillón presidencial, el mal perdedor, el "loser", el que inventa excusas para dilatar una situación irremediable que cree
poder revertir.
Ya el mismo día de las
elecciones comenzaron a surgir rumores de fraude. Menores de edad votando hasta
cuatro veces, lápices que se usaron para rellenar papeletas cuya tinta no era
reconocida por las máquinas, apoderados republicanos a los que se les prohibió
observar el escrutinio, mayor cantidad de votantes de los que estaban
registrados en el padrón electoral, muertos que en un sorprendente acto de
responsabilidad cívica hicieron uso de su derecho a votar, números que en
algunos estados se inflaban estratosféricamente de un momento a otro en favor
de un candidato…
La situación podía mirarse
desde el punto de vista de un bando o de otro. Podía decirse que las sospechas
eran infundadas o que tenían su grado de credibilidad. Sea como sea, existen
instancias legales para esclarecer algo tan importante como una elección
presidencial, sobre todo si estamos hablando de la elección más importante de
los últimos años. En este caso es la Corte Suprema de los EEUU quien tiene la
última palabra.
Pero comenzó a ocurrir un fenómeno
que desgraciadamente es algo habitual, no solamente en nuestra época, sino que
a lo largo de la historia. Llegó un momento en que a pesar de todo lo que se
decía, de todo lo que se alegaba, de todo lo delicado de la situación, de todo
lo que significa la posibilidad de que en esta elección exista fraude, los
medios de noticas ya declaraban a Joe Biden ganador, ya mandaban a sus
reporteros a las calles a registrar la alegría de la gente que votó por el
candidato demócrata, o más bien que votó por el candidato contrario a Donald
Trump (porque daba lo mismo quién fuera el candidato demócrata, la idea es
sacar a Trump del poder, los mismos votantes lo decían). En un preocupante afán por establecer ya al nuevo mandatario, los medios no escatimaron en mostrarse serviciales con un lado y menospreciar y atacar al otro.
Cuando tienes medios de
desinformación que se empeñan en dar por ganador a uno de los candidatos sin
siquiera esperar el fallo de la Corte Suprema de los EEUU, es porque queda
patente la desesperación de estos medios porque cierto candidato sea el
próximo presidente, dejando bien en claro cuál es su postura política. Desde
esa perspectiva, estos medios nunca fueron creíbles, perdieron la función que
nosotros le adjudicábamos, la de informar, para pasar a cumplir la función de
manipular al espectador con el fin de que éste adhiera a la causa política que ellos
desean y que más les convenga. La necesidad de crear un relato paralelo, de
instalar como verdad algo que no lo es, ya se volvió el objetivo principal. Y
este objetivo, en estos tiempos de polarización social, se nota de manera
descarada.
Predisponer ahora ya a la
gente para que, en caso de que gane Trump, exista un mayor odio y repudio
popular, viene siendo la consigna. Guerra Psicológica y Propaganda. Lavado de
cerebro. Manipulación total.
Recuerdo un relato que me
contaron una vez: en cierto partido de futbol del mundial de Italia 90 -no
recuerdo qué selecciones se enfrentaban-, tuvieron que dirimir el empate en la
fase de grupos con el lanzamiento de una moneda. El árbitro lanzó la numisma al
aire, y cuando ésta apenas tocaba el piso, uno de los capitanes de equipo se
apresuró a levantar los brazos en señal de victoria, gritando, festejando y
además pateando la moneda para que no quede vestigio alguno de claridad con
respecto a cómo efectivamente había caído esa moneda. Obviamente todo su equipo
se le sumó en la algarabía, dándoles la victoria.
La intención de dar a un
bando como ganador sin que haya terminado el debido proceso legal e instalar en
la mente de las personas la idea de que todo ya se zanjó…, es una vieja táctica
conocida, sucia y desafortunadamente se usa seguido en muchos ámbitos. Jugar
con la mente del espectador resulta algo bastante efectivo para ciertas causas.
Hace poco, en redes
sociales, una persona me preguntó sobre cómo reaccionará la prensa en caso de
que la Corte Suprema falle en favor de Trump, si reconocerán o no que hubo
fraude y si es que acaso ofrecerán las disculpas necesarias. Le di mi franca
opinión: la prensa no reconocerá que hubo fraude (en caso de que lo hubo, eso
lo decide la corte), dirán que hubo corrupción con los jueces, dirán que fueron
comprados, que esto es un atentado a la democracia, bla, bla, bla… Para estos
medios, el compromiso con la victoria es total, ellos van por el triunfo sí o
sí, como sea. De ser necesario, no sólo atacarán a Trump como lo han estado
atacando y desprestigiando los cuatro años de su mandato, también atacaran a la
corte y sus integrantes, restándole legitimidad al proceso. Todo esto apoyado
por una masa enfervorizada y fanática de gente predispuesta al odio y al rencor
producto de un lavado de cerebro que se ha ejecutado a lo largo de muchos años. Guerra Psicológica. Propaganda.
Recuerdo la imagen de
personas gritando, llorando y pataleando en el 2016 cuando Trump asumió el
poder. Tal es el nivel de adoctrinamiento de los medios.
A esto se le suma la
posibilidad de que debido a este nivel de adoctrinamiento, ciertos grupos
violentistas como Antifa o Black Lives Matter salgan a las calles a causar el
nivel de caos, asesinato y destrucción que ya se produjo meses atrás debido a lo que
ocurrió con la muerte de George Floyd.
El hecho de que los medios
desafíen al mismísimo presidente de los EEUU, a las instituciones, al proceso legal
en curso, y que potencialmente desafíen a la Corte Suprema en caso de que el
fallo no sea de su agrado, demuestra que estamos ante un caso de Vaciamiento de
Poder. Los medios le quitan poder a las instituciones, las debilitan, les
restan autoridad. Pueden hacerlo y no les tiembla la mano para eso. Y
desgraciadamente hay gente que los apoya.
Los medios de
desinformación ya perdieron la vergüenza, van por todo, no les importa el qué
dirán. Y no tendrían por qué importarles tal descaro, si es que una gran
cantidad de personas ya está convencida de que su narrativa es sinónimo de
realidad. Todo esto no sólo en EEUU, en el resto de América Latina también; se le suma, por supuesto, Chile. Ahora los medios, junto con el sector político que representan, tienen
mucho poder.
Al igual que aquel capitán
de futbol que levantó los brazos en señal de victoria antes de tiempo y que
pateó la moneda para evitar que hubiera claridad con respecto al resultado, los
medios de propaganda depositan la corona en su candidato favorito antes de
tiempo y tergiversan la percepción de lo que ocurre, cual moneda que fue
pateada para ayudar a alterar así esa misma percepción.
Cuando hay un presidente
dando una conferencia de prensa explicando sobre un potencial fraude, y los
medios cortan la comunicación aduciendo que su argumento es una mentira y de
que no cuenta con pruebas, a sabiendas de que primero las pruebas se recolectan
(eso toma algo de tiempo) y después se presentan ante un tribunal, no ante los
medios, y que este proceso judicial toma días o semanas…, entonces lo que tenemos ahí
es un claro acto de sabotaje con intenciones de menoscabar la imagen del
presidente. Quitarle autoridad y poder. Vaciamiento de Poder.
Decir que Trump no quiere
reconocer el triunfo de Biden y que por eso es un arrogante, incompetente, un
mal perdedor, que no quiere soltar el poder como si fuera un niño malcriado con
pataletas, que no tiene intención de respetar a la democracia…, eso no es nada
más que un argumento descontextualizado y tergiversado con respecto a lo que es
la realidad. Solicitar una investigación y un recuento de votos es un derecho
en cualquier elección. Parte de la democracia consiste precisamente en que
existan herramientas para que en el caso de que haya sospecha de violación de
normas y procedimientos, entonces tengas donde acudir, y en este caso se acudió
a tribunales. Así funciona el mundo. Todo esto es parte del sistema de derecho.
De no existir estas herramientas entonces lo único que quedaría sería salir a
la calle.
Algo similar ocurrió el
año 2000 en las elecciones presidenciales entre Al Gore y Geoge W. Bush, en
donde después de 35 días de litigio, cuando en un principio se daba por ganador
a Al Gore, finalmente se dio por vencedor a Bush por tan solo 537 votos.
El gran problema que
tenemos en las presentes elecciones es que los medios periodísticos son
conscientes de todos estos procesos, saben que este procedimiento legal es legítimo,
saben que todo esto es parte de aquello que llamamos democracia. Pero les
importa un soberano cuesco. Lo único que les importa es acabar con la imagen de
aquel presidente que no sigue los dictámenes de la odiada y repudiable
corrección política, lograr que aquel presidente tenga el menor apoyo posible
de la sociedad para así sacarlo del gobierno, confabular para poner a algún
elemento manipulable en su puesto en la Casa Blanca, y de esta manera imponer
la agenda globalista que desde hace años viene amenazando con fuerza la
soberanía de los países de occidente.
Al momento de publicar
esta nota, los estados de Nevada, Arizona, Wisconsin, Michigan, Pensilvania y
Georgia, estados que en primera instancia habían sido ganados en su mayoría por el Partido
Demócrata, dándole el triunfo a Joe Biden, ahora volvieron a quedar en disputa.
En este preciso instante en los estados de Georgia y Wisconsin se están contando nuevamente los votos. En el resto de los estados, los casos están
pendientes.
O sea, por más que los
medios de desinformación y propaganda insistan hasta el hartazgo y de manera
desesperada en dar a un candidato como ganador, aún no ha ganado nadie. No ha
ganado nadie. Pero esa no es la imagen que se ve en la tele, o en la prensa
escrita. Jugar con la mente del espectador es la especialidad de los medios;
cómo no sería así, si han estado realizando esta práctica y perfeccionándola durante
décadas.
Los mandatarios de México,
Brasil, Rusia y China aún no felicitan al supuesto presidente electo. Imagino
que son mucho más precavidos o no pretenden seguir la agenda política que planean imponerla en ciertos países, EEUU incluido.
Solamente la Corte Suprema
y posteriormente el Colegio Electoral tienen la última palabra en toda esta
discusión. No los medios.
Recuerdo las palabras de
un profesor de politología:
“Los noticieros televisivos, radiales y prensa
escrita no son más que un verdadero show. Show de Noticias, por si alguien cree
que esto tiene que ver con información… Pues no, es sólo un show… El show está
construido para que la gente, en definitiva, reaccione emocionalmente a los
contenidos no noticiosos ni informativos, sino de doctrina subtexto y que se terminen
asimilando como si fuese la verdad… Esto es un modelo que se aplica en todos
los medios del mainstream oficiales. Las pautas se repiten en todos los noticieros…
Basar tu razonamiento por lo que sale en los medios, es una muy, pero muy mala
idea”
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