sábado, 14 de noviembre de 2020

 

Con respecto a las elecciones de EEUU y los medios noticiosos



Ya ha pasado una semana desde que los medios dieron como ganador al candidato Joe Biden. Una semana en que a través de todos los canales televisivos y prensa escrita se ha impuesto una misma narrativa: Joe Biden ganó, Joe Biden es el presidente electo de los EEUU, Joe Biden asumirá como mandatario los próximos cuatro años. Por otra parte, se ha promovido la imagen de Donald Trump, el perdedor, como la del arrogante que no quiere abandonar el sillón presidencial, el mal perdedor, el "loser", el que inventa excusas para dilatar una situación irremediable que cree poder revertir.

Ya el mismo día de las elecciones comenzaron a surgir rumores de fraude. Menores de edad votando hasta cuatro veces, lápices que se usaron para rellenar papeletas cuya tinta no era reconocida por las máquinas, apoderados republicanos a los que se les prohibió observar el escrutinio, mayor cantidad de votantes de los que estaban registrados en el padrón electoral, muertos que en un sorprendente acto de responsabilidad cívica hicieron uso de su derecho a votar, números que en algunos estados se inflaban estratosféricamente de un momento a otro en favor de un candidato…
 
La situación podía mirarse desde el punto de vista de un bando o de otro. Podía decirse que las sospechas eran infundadas o que tenían su grado de credibilidad. Sea como sea, existen instancias legales para esclarecer algo tan importante como una elección presidencial, sobre todo si estamos hablando de la elección más importante de los últimos años. En este caso es la Corte Suprema de los EEUU quien tiene la última palabra.
 
Pero comenzó a ocurrir un fenómeno que desgraciadamente es algo habitual, no solamente en nuestra época, sino que a lo largo de la historia. Llegó un momento en que a pesar de todo lo que se decía, de todo lo que se alegaba, de todo lo delicado de la situación, de todo lo que significa la posibilidad de que en esta elección exista fraude, los medios de noticas ya declaraban a Joe Biden ganador, ya mandaban a sus reporteros a las calles a registrar la alegría de la gente que votó por el candidato demócrata, o más bien que votó por el candidato contrario a Donald Trump (porque daba lo mismo quién fuera el candidato demócrata, la idea es sacar a Trump del poder, los mismos votantes lo decían). En un preocupante afán por establecer ya al nuevo mandatario, los medios no escatimaron en mostrarse serviciales con un lado y menospreciar y atacar al otro.
 
Cuando tienes medios de desinformación que se empeñan en dar por ganador a uno de los candidatos sin siquiera esperar el fallo de la Corte Suprema de los EEUU, es porque queda patente la desesperación de estos medios porque cierto candidato sea el próximo presidente, dejando bien en claro cuál es su postura política. Desde esa perspectiva, estos medios nunca fueron creíbles, perdieron la función que nosotros le adjudicábamos, la de informar, para pasar a cumplir la función de manipular al espectador con el fin de que éste adhiera a la causa política que ellos desean y que más les convenga. La necesidad de crear un relato paralelo, de instalar como verdad algo que no lo es, ya se volvió el objetivo principal. Y este objetivo, en estos tiempos de polarización social, se nota de manera descarada.
 
Predisponer ahora ya a la gente para que, en caso de que gane Trump, exista un mayor odio y repudio popular, viene siendo la consigna. Guerra Psicológica y Propaganda. Lavado de cerebro. Manipulación total.
 
Recuerdo un relato que me contaron una vez: en cierto partido de futbol del mundial de Italia 90 -no recuerdo qué selecciones se enfrentaban-, tuvieron que dirimir el empate en la fase de grupos con el lanzamiento de una moneda. El árbitro lanzó la numisma al aire, y cuando ésta apenas tocaba el piso, uno de los capitanes de equipo se apresuró a levantar los brazos en señal de victoria, gritando, festejando y además pateando la moneda para que no quede vestigio alguno de claridad con respecto a cómo efectivamente había caído esa moneda. Obviamente todo su equipo se le sumó en la algarabía, dándoles la victoria.
 
La intención de dar a un bando como ganador sin que haya terminado el debido proceso legal e instalar en la mente de las personas la idea de que todo ya se zanjó…, es una vieja táctica conocida, sucia y desafortunadamente se usa seguido en muchos ámbitos. Jugar con la mente del espectador resulta algo bastante efectivo para ciertas causas.
 
Hace poco, en redes sociales, una persona me preguntó sobre cómo reaccionará la prensa en caso de que la Corte Suprema falle en favor de Trump, si reconocerán o no que hubo fraude y si es que acaso ofrecerán las disculpas necesarias. Le di mi franca opinión: la prensa no reconocerá que hubo fraude (en caso de que lo hubo, eso lo decide la corte), dirán que hubo corrupción con los jueces, dirán que fueron comprados, que esto es un atentado a la democracia, bla, bla, bla… Para estos medios, el compromiso con la victoria es total, ellos van por el triunfo sí o sí, como sea. De ser necesario, no sólo atacarán a Trump como lo han estado atacando y desprestigiando los cuatro años de su mandato, también atacaran a la corte y sus integrantes, restándole legitimidad al proceso. Todo esto apoyado por una masa enfervorizada y fanática de gente predispuesta al odio y al rencor producto de un lavado de cerebro que se ha ejecutado a lo largo de muchos años. Guerra Psicológica. Propaganda.
 
Recuerdo la imagen de personas gritando, llorando y pataleando en el 2016 cuando Trump asumió el poder. Tal es el nivel de adoctrinamiento de los medios.
 
A esto se le suma la posibilidad de que debido a este nivel de adoctrinamiento, ciertos grupos violentistas como Antifa o Black Lives Matter salgan a las calles a causar el nivel de caos, asesinato y destrucción que ya se produjo meses atrás debido a lo que ocurrió con la muerte de George Floyd.
 
El hecho de que los medios desafíen al mismísimo presidente de los EEUU, a las instituciones, al proceso legal en curso, y que potencialmente desafíen a la Corte Suprema en caso de que el fallo no sea de su agrado, demuestra que estamos ante un caso de Vaciamiento de Poder. Los medios le quitan poder a las instituciones, las debilitan, les restan autoridad. Pueden hacerlo y no les tiembla la mano para eso. Y desgraciadamente hay gente que los apoya.
 
Los medios de desinformación ya perdieron la vergüenza, van por todo, no les importa el qué dirán. Y no tendrían por qué importarles tal descaro, si es que una gran cantidad de personas ya está convencida de que su narrativa es sinónimo de realidad. Todo esto no sólo en EEUU, en el resto de América Latina también; se le suma, por supuesto, Chile. Ahora los medios, junto con el sector político que representan, tienen mucho poder.
 
Al igual que aquel capitán de futbol que levantó los brazos en señal de victoria antes de tiempo y que pateó la moneda para evitar que hubiera claridad con respecto al resultado, los medios de propaganda depositan la corona en su candidato favorito antes de tiempo y tergiversan la percepción de lo que ocurre, cual moneda que fue pateada para ayudar a alterar así esa misma percepción.
 
Cuando hay un presidente dando una conferencia de prensa explicando sobre un potencial fraude, y los medios cortan la comunicación aduciendo que su argumento es una mentira y de que no cuenta con pruebas, a sabiendas de que primero las pruebas se recolectan (eso toma algo de tiempo) y después se presentan ante un tribunal, no ante los medios, y que este proceso judicial toma días o semanas…, entonces lo que tenemos ahí es un claro acto de sabotaje con intenciones de menoscabar la imagen del presidente. Quitarle autoridad y poder. Vaciamiento de Poder.
 
Decir que Trump no quiere reconocer el triunfo de Biden y que por eso es un arrogante, incompetente, un mal perdedor, que no quiere soltar el poder como si fuera un niño malcriado con pataletas, que no tiene intención de respetar a la democracia…, eso no es nada más que un argumento descontextualizado y tergiversado con respecto a lo que es la realidad. Solicitar una investigación y un recuento de votos es un derecho en cualquier elección. Parte de la democracia consiste precisamente en que existan herramientas para que en el caso de que haya sospecha de violación de normas y procedimientos, entonces tengas donde acudir, y en este caso se acudió a tribunales. Así funciona el mundo. Todo esto es parte del sistema de derecho. De no existir estas herramientas entonces lo único que quedaría sería salir a la calle.
 
Algo similar ocurrió el año 2000 en las elecciones presidenciales entre Al Gore y Geoge W. Bush, en donde después de 35 días de litigio, cuando en un principio se daba por ganador a Al Gore, finalmente se dio por vencedor a Bush por tan solo 537 votos.
 
El gran problema que tenemos en las presentes elecciones es que los medios periodísticos son conscientes de todos estos procesos, saben que este procedimiento legal es legítimo, saben que todo esto es parte de aquello que llamamos democracia. Pero les importa un soberano cuesco. Lo único que les importa es acabar con la imagen de aquel presidente que no sigue los dictámenes de la odiada y repudiable corrección política, lograr que aquel presidente tenga el menor apoyo posible de la sociedad para así sacarlo del gobierno, confabular para poner a algún elemento manipulable en su puesto en la Casa Blanca, y de esta manera imponer la agenda globalista que desde hace años viene amenazando con fuerza la soberanía de los países de occidente.
 
Al momento de publicar esta nota, los estados de Nevada, Arizona, Wisconsin, Michigan, Pensilvania y Georgia, estados que en primera instancia habían sido ganados en su mayoría por el Partido Demócrata, dándole el triunfo a Joe Biden, ahora volvieron a quedar en disputa. En este preciso instante en los estados de Georgia y Wisconsin se están contando nuevamente los votos. En el resto de los estados, los casos están pendientes.
 
O sea, por más que los medios de desinformación y propaganda insistan hasta el hartazgo y de manera desesperada en dar a un candidato como ganador, aún no ha ganado nadie. No ha ganado nadie. Pero esa no es la imagen que se ve en la tele, o en la prensa escrita. Jugar con la mente del espectador es la especialidad de los medios; cómo no sería así, si han estado realizando esta práctica y perfeccionándola durante décadas.
 
Los mandatarios de México, Brasil, Rusia y China aún no felicitan al supuesto presidente electo. Imagino que son mucho más precavidos o no pretenden seguir la agenda política que planean imponerla en ciertos países, EEUU incluido.
 
Solamente la Corte Suprema y posteriormente el Colegio Electoral tienen la última palabra en toda esta discusión. No los medios.
 
Recuerdo las palabras de un profesor de politología:

“Los noticieros televisivos, radiales y prensa escrita no son más que un verdadero show. Show de Noticias, por si alguien cree que esto tiene que ver con información… Pues no, es sólo un show… El show está construido para que la gente, en definitiva, reaccione emocionalmente a los contenidos no noticiosos ni informativos, sino de doctrina subtexto y que se terminen asimilando como si fuese la verdad… Esto es un modelo que se aplica en todos los medios del mainstream oficiales. Las pautas se repiten en todos los noticieros… Basar tu razonamiento por lo que sale en los medios, es una muy, pero muy mala idea”



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